El pase de ayer en el Kursaal, en el Festival de Cine de San Sebastián fue un éxito. La película impactó, conmovió, emocionó… gustó.
La presentación de la película la llevaron a cabo el productor, las actrices, el director y una persona muy especial: Anita Morales de 94 años. Un testigo que sufrió el horror de los presidios franquistas. Su frase es ya todo un lema para todos aquellos que trabajamos en la difusión de la Memoria Histórica: “no lloréis, lo que tenéis que hacer es no olvidarnos”.
Es una gran frase, sin duda, pero hubo más, muchas más: “para que esto nunca más vuelva a ocurrir”, “queremos poner algo de luz en la oscura noche del Franquismo”, “para poder pasar página a esta oscura etapa de nuestra historia primero hay que leerla” o “ésta es una película reivindicativa y de izquierdas”… son algunas frases que recuerdo.
La película avanzaba y los nervios de Mikel, el director, iban en aumento. Su gran temor: saber cómo reaccionaría Anita. Si la película le gustaría o no, si le parecería que la historia se había tratado con respeto, si hacia justicia a las víctimas que le dieron sus testimonios o no… En seguida lo descubriría. Cuando el film acabó la sala se llenó de aplausos. Era el agradecimiento de los espectadores al equipo de la película, un agradecimiento que se alargó por varios minutos mientras la música sonaba y los créditos corrían en la oscuridad de la sala.
Pero el del preestreno fue un día grande y como en las grandes ocasiones un spot de luz se encendió, buscaba al director, pero encontró a Anita Morales. Anita se levantó y aplaudió a la película. Esa fue su reacción, aplaudir a la película. Dar las gracias porque contáramos su historia. Pero Anita estaba equivocada. No era ella quien tenía que aplaudir a la película, era la película la que tenía que aplaudirle a ella, homenajearla. El cine entero se dio cuenta de ello. La gente se levantó, se giro hacia Anita y aplaudieron, con más energía si cabe. Los miedos de Mikel desaparecieron. Igual que el de los testigos que le contaron su historia. Mikel respiró tranquilo, tomo aire. Consiguió lo que quería, a Anita la película le había gustado… el resto era secundario.
Anita ya lo anunció en la presentación, “no lloréis, lo que tenéis que hacer es no olvidarnos”. Para eso sirve esta película, para contar, para recordar, para difundir...
Gracias a todas ellas.